Lo que nadie te cuenta – post parto

Yo nunca he perdido a nada, ni al parchís… bueno, corrijo, he perdido a muchas cosas, pero me ha dado siempre muchísima rabia… Véase perder como no comprender o como no saber, así que siempre he pensado que la mega información me ayuda.  Así siempre he sido una loca sobreinformada.

Así que en cuanto estuve embarazada empecé a consumir libros, posts, podcast, documentales, búsquedas de google, revistas y biblias varias. Vamos a ratos parecía que me iba a examinar para una oposición de lo que estaba estudiando. Tanto es así que hice unos 3 cursos de preparación al parto, el primero a través de la seguridad social, el segundo, en inglés para que Señor Padre  pudiera comprenderlo bien, y de pago y el tercero en el hospital, cortito pero matón.

Todos me parecieron interesantes en algún punto, en especial me pareció curioso compartir conocimiento con gente que obviamente no era de mi tribu “lo-quiero-todo-natural-he-leído-a-Laura-Gutmann”. Me pareció curioso ser la rara en una clase con 10 parejas, de las cuales 2 hubieran elegido cesárea desde el minuto uno. Pero eso lo contaré otro día.

Todo esto lo cuento porque estoy sobreinformada (y a ratos mal-sobre-informada) sobre todo lo que tiene que ver con el embarazo, parto, lactancia y crianza en general pero hay cosas que nunca nadie te cuenta, ni siquiera las bloguers más molonas. Pues amigas, aquí estoy yo para contar las verdades y empiezo con lo que me hubiera gustado que alguien me contara: el post parto.

El post parto es un momento terrible, punto. No hay más. Pasas de ser el centro de atención y cuidados a tener que ser la procuradora de cuidados del nuevo centro de atención. Y por más injusticia estás seguramente en el momento físico más complicado de la vida: te duelen lugares que no sabías que te podían doler y tienes que aplicarte pociones mágicas en todas las zonas pudendas de tu cuerpo. Pociones, que dicho sea de paso, conviven con la comida en la nevera.

Duele caminar, duele amamantar al bebé, duele darte una ducha, duele estar sentada, duele TODO. Y yo me pregunto, amigas maestras y formadoras de los cursos de preparto, ¿por qué nadie me advirtió de esto? Quiero decir, ya estaba embarazada y no había posibilidad de echarme atrás, entonces ¿por qué nadie me dijo que este período iba a ser el más duro de mi vida hasta el momento? Y no, no hablo de la depresión post parto, que a pesar del dolor yo he pasado ese momento feliz cual perdiz. Hablo de llegar a ese momento preparada, igual que para el parto, cono conocimiento y trucos para sobrellevar la situación.

Por suerte mi doula (sí, amigas, no sé como os atrevéis a parir sin una) me había contado todos los secretos de la abuela y fue la proveedora máxima de pociones del mundo. Os hago un repasín porque lo de compartir conocimiento mola:

  • Infusión de tomillo y cola de caballo fría para el tema puntos: sí, amiga, te han hecho un corte, por mucho masaje previo y preparación yo necesité cuatro puntos y tuve dos pequeños desgarros con un par de puntos cada uno. Y eso ya duele mucho, honestamente no sé como alguna de mis amigas sobrevivió a los 16 puntos. Esta infusión, ya fría, te ayudará a calmar la zona, el tomillo además es antiséptico y la cola de caballo es antiinflamatoria. ¿Quién da más?
  • Aceite de oliva para las primeras grietas en los pezones, porque la lactancia no es ideal (al principio). La lactancia duele y punto, y quien diga lo contrario miente. Las primeras horas son complicadas, el bebé no conoce tu anatomía y tu estás super perdida y cansada, así que las posturas para que el bebé coma no son correctas y por tanto llegan las temidas grietas. Un poquito de aceite de oliva (que tendrás que retirar cuando el bebé tenga que comer), el pecho al aire y paciencia (así como una postura a la hora de alimentar al peque perfecta para evitar grietas más profundas!)
  • Tu amiga la col, ideal para rebajar la hinchazón después de la subida de la leche. Las instrucciones son sencillas: limpia un par de hojas y corta los nervios para que la salvia esté en contacto con tu piel y ponte las hojas directamente en el pecho (sí, una imagen de lo más sexy). Manita de santo, oiga.

Bueno amiga embarazada, espero que no te angustie mucho esta información porque lo más importante del asunto y sin querer ser ñoñas, es que con tu bebé en brazos el dolor es más bonito.

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