Me parto con mi parto

Este es un post con un claro homenaje a Una Madre Molona, que inspiró la frase que ha recorrido las últimas semanas de embarazo: “me parto con mi parto”, porque era empezar a pensar en el parto y me entraba la risa floja.

En la semana 32 empecé a sentir las contracciones “de mentira”, también conocidas en mi casa como las contracciones del Bolson de Higgins y en cualquier centro médico como Braxton Higgs, así que  en la semana 37 yo lo tuve claro: ¡ni de broma iba yo a esperar a la semana 40! ¡yo quería parir antes de Navidad! Así que además de la acupuntura que ya estaba practicando para mi migraña y para aflojar mi útero, el yoga prenatal y los dátiles empecé con la homeopatía, las infusiones de hoja de frambueso, los largos paseos repartidos en dos tomas diarias y el quererse mucho con el señor padre. ¡Lo tenía todo controlado!

Curiosamente, por mucho que me supiera de memoria todo aquello que me iba a pasar durante ese período y repasara el checklist religiosamente varias veces al día, nada sucedía, y las contracciones de mentira desaparecieron por completo justo el día que empezaba mi semana 37.

Total que allí estaba yo, Pat-the-impatient, con un solo cometido: esperar. La dulce espera le llaman… Será por la cantidad de chocolate, turrones varios y otras cosas que no debía comer que me zampaba sin reparo porque para mi no resultó nada dulce.

Semana 38 y 39 y seguíamos sin notícias de Lilia… Todas esas cosas que debía hacer antes del nacimiento estaban más que hechas, las que me apetecía hacer también estaban hechas, salimos a comer y cenar cada dos por tres por si era “la última vez” (este concepto también se merece un post que prometo escribir más adelante). Además entre todo esto llegó Navidad y todas las preguntas del mundo sobre cuándo iba a parir… ¡Eso digo yo! Y entre acupunturas, homeopatías, infusiones y caminatas que bien podría haber patrocinado Nike por las distancias que recorríamos llegamos a la semana 40.  Mis anchas caderas estaban indignadas… ¿¡A mi se me va a retrasar el parto!? ¿¡A MI!?  ¡¡Si he hecho todos los ejercicios habidos y por haber para facilitar los movimiento pélvicos!! Al menos en la visita ginecológica me aseguraron que todo estaba bien pero a pesar de eso decidieron hacer algo que una enfermera denominó como “batir el colacao”, la ginecóloga como “romper membranas” y que mi doula me contó que se llamaba maniobra Hamilton. Cabe decir que nadie me contó qué me estaban haciendo hasta que llamé a Vicky, mi super doula, para preguntarle.

Fin de año pasó y con ella la posibilidad de ser la madre del año 2015, y mi bebé seguía sin querer salir. Yo veía tapón mucoso en todos lados y todo el tiempo, lo que debía querer decir que el parto se acercaba. Cada noche me acostaba con calcetines gordos para evitar el frío si el parto se iniciaba y que no hubiera un aumento de adrenalina y con la esperanza de que esa fuera nuestra noche.

El día 2 de enero empecé a sentir algo pero no era exactamente lo que yo esperaba: una migraña de las gordas empezó a hacerse grande en el lado derecho de mi cabeza. Los nervios, la falta de sueño, el revuelo hormonal, las ganas, el exceso de azúcar… vamos, tenía todos los boletos para tener lo que yo denomino como un migrañón. Mi paracetamol y yo intentamos remediarlo pero tras 48 h. de dolor non-stop decidí ir al hospital.

Una vez en la sala de espera con mi barriga de 41 semanas y dos días y mis gafas glamurosas de sol no dejaba de ver a parturientas o familiares de parturientas, incluso me hice colegui de una pre-abuela y una pre-hermanita grande. Maldije a cada una de ellas y claro, el karma es muy sabio, y me devolvió el mal que les estaba deseando (que no era mucho, solo pensaba: ojalá su parto dure una hora más de lo que debiera). Me hicieron esperar lo que me pareció entre un decenio y cinco lustros pero resultó que fue algo así como una hora, dentro me esperaba lo que ya sabía: los monitores y una eco además de una bronca inesperada por haber tomado paracetamol y haber tardado tanto en ir.

Los monitores dejaron claro que mi parto estaba lejos aún: 0 contracciones y nada que se le pareciera y la eco nos reveló que el Karma tarda menos de 1h en hacer efecto, tenía poco líquido amniótico así que la bebé debía salir de allí pronto, tan pronto que me recomendaban irme a casa, comer algo, darme una ducha y volver al hospital para un parto provocado.

Y la segunda parte de mi parto aquí.

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